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Malformaciones uterinas y esterilidad: cómo afectan las alteraciones del útero a la fertilidad

El útero es uno de los órganos reproductivos (los ovarios y  las trompas de falopio es donde ocurre la fecundación, sin ellas tampoco haríamos nada)  femenino más importante, ya que en él se gesta al bebé durante los 40 semanas de gestación. Por ello, cualquier malformación uterina puede influir negativamente en la fertilidad femenina, ya sea provocando fallos de implantación o abortos de repetición.

En concreto, el útero es un órgano muscular en forma de pera invertida, situado ligeramente debajo de los ovarios, en el centro del abdomen inferior.

¿Qué causa las malformaciones uterinas?

Aproximadamente el 5,5% de la población femenina padece alguna alteración uterina y por regla general éstas son congénitas, lo que significa que existen desde el nacimiento.

Sin embargo, en algunos casos, también pueden aparecer debido a una patología posterior. Sus principales causas suelen ser:

  • Problemas genéticos que pueden ser o no hereditarios.
  • Exposiciones a radiaciones durante el desarrollo embrionario.
  • Infecciones intrauterinas durante el embarazo.
  • Medicamentos como el dietilestilbestrol y la talidomida.

¿Cómo se diagnostica una malformación uterina?

En la mayoría de los casos, la mujer desconoce que tiene una malformación uterina hasta que intenta quedarse embarazada y no puede conseguirlo. En ese momento, acude a una clínica de fertilidad para ponerle solución y durante su estudio de fertilidad se le realizan las siguientes pruebas:

  • Ecografía transvaginal: es una prueba rutinaria que suele realizarse también en las revisiones ginecológicas rutinarias.
  • Histerosalpingografía (HSG): se trata de una radiografía del útero y las trompas de falopio.
  • Histeroscopia (HSC): en esta prueba se introduce un endoscopio a través del canal vaginal para ver la cavidad uterina.

Clasificación de las malformaciones uterinas

Existen diferentes tipos de alteraciones uterinas, entre los que cabe destacar:

  • Agenesia o hipoplasia mülleriana: hablamos de agenesia cuando existe ausencia total de útero y, en ocasiones, de Trompas de Falopio, Cérvix y parte de la vagina. En estos casos, el desarrollo sexual de la mujer es normal porque sí se generan óvulos, pero no aparece la menstruación. Es el caso en el que el embarazo es más difícil.
  • Útero unicorne: en estos casos el útero es de menor tamaño, con una única Trompa de Falopio. Este tipo de alteración no causa infertilidad total pero sí existe mayor riesgo de complicaciones, parto prematuro y cesárea. Así como de embarazo ectópico.
  • Útero didelfo: se conoce también como útero doble ya que presenta dos cavidades uterinas de menor tamaño que son independientes. La capacidad reproductiva es casi normal, pero podría haber un mayor riesgo de abortos de repetición o partos complicados.
  • Útero bicorne: la mujer presenta dos cavidades uterinas simétricas, pero no están completamente desarrolladas. La hendidura que las separa está formada por miometrio, una capa muscular, cuyo tamaño puede afectar al desarrollo del feto y aumentar el riesgo de aborto y parto prematuro.
  • Útero Septado: es la malformación de útero más recurrente. En este caso la cavidad uterina se encuentra separada por un tabique o septo. Puede asociarse a abortos de repetición y se puede corregir con cirugía histeroscópica.
  • Útero arcuato: está considerada una variante del útero normal, en la que existe un pequeño septo pero que ha permitido que el útero se produzca prácticamente por completo. No suele ser motivo de infertilidad ni complicaciones en la gestación o el parto.

 

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